Cada nueva temporada es un espectáculo. Si el equipo logra un fichaje que levanta expectativa, debe haber una presentación, entre más mediática mejor.
Parece una fórmula matemática muy simple. Así, se venderán muchas más playeras, y si el equipo responde habrá más gente en las gradas. Las nuevas contrataciones elevarán los niveles de raiting, lo cual interesa a las marcas patrocinadoras, y entonces los ingresos del club mejorarán.
El objetivo parece muy simple: que los nuevos elementos lleven al equipo hacia un mejor resultado en la siguiente temporada y por supuesto pelear por ser EL campeón. Los romanos ya entregaban copas o vasijas a los ganadores de las competiciones y los gladiadores debían cumplir el sueño de sus seguidores, que generalmente veían el triunfo como el logro de una comunidad.
Un líder o estratega conduce desde afuera de la cancha al equipo. El camino no es terso: puede decaer el ánimo, puede faltar la armonía en el vestidor, pueden existir injusticias en la cancha, puede faltar la armonía entre compañeros, pero deben superarse esos obstáculos.
Es un fenómeno similar al de la rotación en las empresas, algunos jugadores aguantarán el ritmo y otos no. Hay empresas con unos niveles de rotación anual que van del 50% al 80%, lo cual quiere decir que la mitad o casi todo el equipo se va, año tras año.
El mejor ejemplo es el de Alex Ferguson, el entrenador con 23 años dirigiendo al Manchester United (ManU). Veintitres años sin rotar de técnico o de estratega, se dice que eso permite tener continuidad y planeación de largo plazo.
Pero, ¿Cómo pueden los egos de un director técnico (el que diseña la estrategia) y de un delantero (el que la ejecuta) convivir para llevar a ser campeón al equipo. Se supone que todos ganan: jugadores, marcas, equipos y, público y espectáculo.
En este caso, Ferguson acaba de perder al niño mediático global de moda; que le ayudo a ganar TODO en 2008. Bautizado por Nike como CR7 en el ManU y rebautizado como CR9 en el Real Madrid, Cristiano Ronaldo era definido por su entrenador Alex Ferguson como un atleta con filosofía simple. En las campañas globales es un ícono de tendencias, es un futbolista de esos que hacen diferencia dentro y fuera de la cancha, permite ganar al equipo, a los medios, a las marcas y al fútbol, el deporte global.
CR7 no estaba contento al inicio de la última temporada que hizo en la liga Premiere inglesa, quería cambiarse de ciudad. Los traspasos de Inglaterra a España y viceversa son normales, pero Ferguson hizo todo lo posible por retenerlo, se especula mucho acerca del choque entre su sueño individual y el sueño colectivo de su equipo, de volver a ganar todo por segunda ocasión consecutiva. Existen algunos “intangibles” que no se pueden medir con la claridad de los números. No hay evidencias claras de cómo nuestro conciente/inconciente se conectan para hacer realidad los sueños.
Los indicadores permiten comparar a los equipos (en este caso en fútbol) de primer nivel, de los demás. Hablábamos antes del caso ManU, pero como dejar de mencionar el caso del club Barcelona que en 2009 gano todo.
Según el columnista Enrique Quintana, del periódico más cerrado de México, el año pasado el Barca tuvo ingresos por 309 millones de dólares, debajo de los 325 millones del Manchester. En los últimos cinco años, ManU creció 25 por ciento; el Barca lo hizo en 83 por ciento.
Se trata de una combinación de resultados e intereses. El eje Inglaterra-España tiene ahora el liderazgo de las “marcas globales” de equipos de fútbol. Madrid ha entrado a la puja, veremos si CR7 aguanta el ritmo de las campañas publicitarias, combinado con la disciplina del fútbol, las fiestas y las nuevas amistades. Todo, al mismo tiempo. REB/VER
Escrito por ilustra 
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