Hay actividades en las que sus profesionales viven “conectados” al trabajo. Por ejemplo los ingenieros petroleros viajan a las plataformas en mar adentro por periodos de hasta 3 meses, los biólogos marinos pasan 6 meses o más en un barco, los guardias de vigilancia tienen turnos de 24 horas, al igual que algunos doctores y enfermeras.
Estos profesionales tienen una percepción del tiempo muy diferente a la que tienen las personas que estructuran su tiempo en lapsos de 8 horas de trabajo. Entre estos “profesionales conectados” se encuentran varios perfiles de puestos de la industria de la comunicación, especialmente directores, jefes de información, productores y programadores de televisión.
En este último caso, frecuentemente los televidentes tenemos la percepción de que programar televisión es un trabajo simple, pero para tenernos sentados frente al aparato receptor, las televisoras invierten mucho dinero, tiempo y talento.
Y es que en una industria de la comunicación comercial, se disputaron en 2007 más de 16 mil millones de euros[1] (MDE) en España, de los cuales se invierten más de 3 mil en televisión. En México son cerca de 6 mil MDE, de los cuales más de 2 mil se invierten en televisión[2].
Así que, las televisoras hacen lo necesario para que los ingresos publicitarios aumenten y sus profesionales viven todos los días con una marcada percepción económica del tiempo, con un objetivo muy claro: mantener a la audiencia atenta a los contenidos.
La televisión mundial está expuesta a múltiples polémicas, una de ellas es la de cómo se mide la efectividad de un mensaje en televisión y su impacto en las ventas. En ese sentido, lo que si existe es un consenso acerca del horario de mayor audiencia, que generalmente va de las 10 a las 12 de la noche.
Pero el “arte de programar” no sólo consiste en “colocar” un programa atractivo en el horario de mayor audiencia, ya que existen muchos casos en los que un buen contenido puede no tener las mejores cifras de audiencia. El verdadero tema está en la contraprogramación, que es una combinación de monitoreo de la competencia en tiempo real, con técnicas de administración de las expectativas.
Para un televidente común y corriente, esto quiere decir que el momento en el que una cadena manda a comerciales, la otra toma una decisión para atraer a los televidentes de la otra cadena, ese es el momento en que sucede el “zapping”, que es el momento en que tomamos el control remoto para elegir una mejor opción de programación.
Ahí es donde la precisión se convierte en el factor clave, ya que unos segundos pueden hacer la diferencia. Las televisoras, anunciantes e industria de la investigación de mercados ya tienen instrumentos para medir minuto a minuto los millones de ojos que están atentos a uno y otro canal.
Por eso encontramos “productos” como Los Shimphson, la serie Dr. House, el noticiero nocturno, el fútbol, comedias de humor o películas de acción en los horarios de mayor raiting.
Por eso la programación de la televisión forma parte de nuestras vidas. Si tomamos en cuenta un horario de 6 AM a 1 AM, que son las horas en que más gente ve televisión, una televisora debe programar 19 horas diarias, igual a 6935 horas al año, igual a 416100 minutos, cercano a los 25 millones de segundos, si tomamos en cuenta que por ejemplo en España se pueden programar 12 minutos de comerciales por hora, en España una televisora puede programar 83 mil minutos de comerciales, de México ni hablamos por que las televisoras nunca respetan el tiempo que pueden comercializar según la ley.
Eso explica por que la televisión es negocio y por que un profesional de la programación tiene una percepción del tiempo, cuyos resultados se miden todos los días en un escritorio. VER
