Cuando se observan las banderas afuera de los hoteles de lujo, siempre destacan las de países como Japón, Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y tal vez Francia o España.
Las banderas simbolizan mucho de la belleza y la estética de un país. Al ser exhibidas en el extranjero reflejan su poder y tal vez su popularidad. En el caso del turismo, representan un segmento de mercado al que se puede atender, e indirectamente representan el poder adquisitivo y la vocación viajera de su población.
Un buen indicador de la percepción de un país, en la mayor parte de población (“ciudadanos peatones”) son las noticias que trascienden de él en los medios, sobre todo los internacionales o globales. Fotos, declaraciones o escándalos de sus jefes de estado, posturas políticas y económicas en cumbres internacionales o cualquier tipo de noticia cotidiana, más si se trata de algo polémico.
Los países también se conocen por conceptos relevantes o mensajes clave. Es un lugar común decir que México se reconocía en el extranjero por el charro, el mariachi o el Tequila (nuestra “bebida global”).
La mayor parte de estos conceptos popularizados por la industria cinematográfica en los 1940 han visto cómo se suman las playas, la gente amable o el fútbol. En la década que termina sin duda hay factores que se han agregado y que resulta imposible ignorar: el H1N1 y la espiral de violencia.
México es un país relativamente aislado de lo que se llama el “concierto internacional”, es cierto que nuestros paraísos naturales son visitados por millones de turistas internacionales. Algunos de ellos, por ejemplo, llegan a Quintana Roo en gigantes yates, se quedan a turistear unas horas, gastan unos dólares en artesanías y cerveza. Y se van.
Nuestras fronteras son: el Oceano Pacífico, el Golfo de México, Guatemala y el país más poderoso del mundo. La interacción humana, el idioma y el comercio no suceden igual que en países con cinco o seis fronteras, o sin mar. Además tenemos un territorio muy accidentado, poco poblado, sobre todo en el norte y existe poca comunicación carretera entre oriente y occidente.
El economista chileno David Konzevik (negado siempre a las cámaras de los medios masivos de comunicación) planteaba alguna vez la necesidad de medir la felicidad de los países, en función de la cantidad de inmigrantes que regresaban a invertir y emprender en su tierra de origen.
Pocos países, y tal vez no existen, que puedan presumir que después de expulsar cientos de miles de personas o millones, éstas regresen a emprender, confiando nuevamente en un sistema que, indirectamente, los ha expulsado. Paradojicamente, las tendencias del empleo global, dicen que, las fronteras cada vez se “borrarán” y seguirá el traslado masivo de personas, sobre todo hacia el norte del globo.
Regresando a las banderas. He sabido que a veces ondea la bandera mexicana en el extranjero, incluso hemos ganado premios a la bandera más bonita del mundo, como símbolo de diseño está plagada de símbolos, colores y texturas. En ocasiones la colocan al revés por error y muy frecuentemente al fabricarla aplican mal el escudo del centro en la tela o el papel. Sería interesante ver un esfuerzo que lograra aplicar muchas banderas mexicanas en el mundo, no sólo en los estadios. VER

Muy buen articulo. Solo queria corregirte, que David Konzevik nacio en San miguel de Tucumán, Argentina.
Gracias por la corrección Ivana y sobre todo gracias por leernos.
Saludos desde México.
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