La percepción de las mariposas

Santiago Ramón y Cajal estudió el cerebro como nadie lo había hecho antes. Escritor y pintor cuyo padre le prohibía dibujar y le pedía dedicarse a la ciencia, descubrió el enigma de la organización del cerebro afirmando que la terminación de las ramificaciones nerviosas y su enlace recíproco con las neuronas reproducían un símil al que denominaba las mariposas del alma.

Futura mariposa

Futura mariposa

Dibujando entendió el remate de las raíces y las ramas de “árboles de la sustancia gris”, al que describió como una selva tan densa que, por refinamiento de complicación carece de vacíos, de suerte que los troncos, ramas y hojas se tocan por todas partes.

Las mariposas del alma llevaron a Santiago Ramón y Cajal a descubrir la teoría neuronal. Gracias a ello ganó el premio Nobel de medicina en 1906. Nacido en Petilla de Aragón, Navarra España, escribió en su libro “Recuerdos de mi vida” (1923) que se consideraba un chico muy normal, pero había dos cosas que lo diferenciaban “una petulante independencia de juicio y un sentimiento profundo de la decadencia científica española”. Esta última afirmación, porque España era considerada en Europa como un país que no había aportado nada a la humanidad, como el caso de Francia, Alemania o Inglaterra.

Cajal descubrió que las células nerviosas constituían una unidad anatómica y funcional, que se comunicaban entre sí por contacto o contiguidad, no por continuidad. Eso quiere decir, que el cerebro ya no podía ser considerado como un sistema estático, sino como un sistema en constante de cambio, a considerarse como posible la regeneración de neuronas.

Las células piramidales o las mariposas del alma de Cajal son las más importantes y más numerosas de la corteza cerebral. Están relacionadas con procesos como la cognición, la memoria y el aprendizaje, son células vivas con gran dinamismo, él decía que eran como el aleteo de una mariposa, y estaba seguro que cualquier día, el aleteo de las mariposas describiría el significado de la vida mental.

Cajal disfrutaba de la pintura al óleo; fue inventor con gran éxito de placas ultra rápidas de gelatino de bromuro para poder revelar rápidamente imágenes en blanco y negro e incluso parte de sus investigaciones le llevaron al descubrimiento de la fotografía en color, para lo cual escribió el libro “Fotografía de los colores”, bases científicas y reglas practicas”. Por eso a principios de siglo XX se convirtió en competencia de Kodak, ya que lo buscaban los primeros fotógrafos de Europa, para revelar con materiales difíciles de traer de Estados Unidos.

Escribió la “Psicología de Don Quijote y el Quijotismo”, “Charlas de café”, que narraba las pláticas con sus amigos en los cafés madrileños, “Cuentos de mis vacaciones”, que abordaban temas de ficción; “El mundo visto a los ochenta años”.

En la ceremonia para entrar a la Real Academia de las Ciencias

dijo: “A la voluntad, más que a la inteligencia, se enderezan nuestros consejos, porque tenemos la convicción de que aquella es tan educable como ésta, y creemos además que toda obra grande, en arte como en ciencia, es el resultado de una gran pasión puesta al servicio de una gran idea.”[1] Definía su trabajo como “una embriaguez deliciosa, un encanto irresistible”. REB


[1] Discurso: “Reglas y Consejos sobre investigación científica. Los tónicos de la voluntad. Consejos a los jóvenes investigadores españoles”. Entrevista tomada del Diario de Navarra del jueves 8 de noviembre de 2007 al neurobiólogo Javier de Felipe, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)