El éxito es un tema que se plantea muy poco y de forma superficial en las familias, en el sistema educativo y en las empresas.
David McClelland uno de los escritores de culto del management moderno publicó en 1969 una curiosa teoría que supone una relación entre el éxito de un país y los cuentos, canciones y comedias que leían sus dirigentes políticos y económicos cuando eran niños.
Este científico norteamericano, define el éxito como un interés por hacer las cosas bien. Se supone que una persona está orientada al éxito cuando desea innovar, progresar, crear, inventar, en pocas palabras “tener un logro único y terminarlo”. Algunos aspectos de un logro acabado son: saber definir el problema, querer resolverlo, plantear medios para hacerlo, prever las dificultades que tendrá, definir quién lo hará y anticipar qué sucedería si no funciona.
Esta amplia investigación incluyó diversas técnicas de análisis y de observación. En ella se pidió a ejecutivos de varios países y de diversas industrias, que describieran lo que creían que estaban haciendo un grupo de personas dibujadas en varias tarjetas; en ellas había personas en actitud de trabajo y de descanso. Las respuestas obtenidas permitieron inferir que existen personas que están pensando en como “mejorar las cosas”, aun cuando están “en estado de vigilia” o de descanso.
Partiendo de que se encontraron diferencias entre grupos de personas, ya que unas mostraban mayor “orientación al éxito”, el científico encontró que el fenómeno se repite en los países y la diferencia no está precisamente en su modelo económico o en razones climáticas (recordemos que estaba en su apogeo la “guerra fría”).
El resultado del estudio denominado “el impulso de los negocios y la realización nacional” publicado en Harvard Business Review XL, es sorprendente, ya que además analizó miles de cuentos, canciones y comedias populares, para saber qué tantas referencias al éxito existían en ellos. Lo curioso es que se encontró que “un alto nivel de interés por el éxito es seguido aproximadamente 50 años más tarde por una rápida velocidad de crecimiento y prosperidad” y en cuanto desaparece el interés por el éxito viene una decadencia del bienestar económico.
Parece obvio que todos deseamos el éxito, pero si los cuentos destacan el éxito, es más frecuente en el país un espíritu empresarial, lo cual indica que las personas clave piensan en el éxito aun cuando no necesiten hacerlo, curiosamente en el estudio las personas que estaban mejor colocadas socialmente, pensaron menos en el éxito.
Tal vez eso explica que ante la crisis económica, muchos de nuestros dirigentes (políticos, empresariales, deportivos, etc.) parecen dirigir sus discursos a quienes asisten a un funeral. Yo creo que aun es posible ver el futuro como una oportunidad, como sinónimo de innovación y creatividad, como algo que se puede afrontar de forma optimista, sin dejar de ser realistas. VER
Inspirado en: “El impulso de los negocios y la realización nacional” Publicado en el libro: “Los cambios sociales” de Amitai y Eva Etzioni. Fondo de Cultura Económica, Letras sin fronteras. México.
