Para Nelson Vargas, en una larga espera,
como la que parece experimentar quien
no encuentra oxigeno dentro del agua.
Dos tercios de la tierra son agua y el 60% de nuestro cuerpo está compuesto por agua. Paradójicamente mucha gente tiene una percepción del agua que sólo se puede asociar a una palabra: miedo.
El agua nos marca desde que nacemos, no en vano es uno de los elementos básicos de la existencia humana. Todos recordamos la escena en que nuestros padres nos sumergían en una alberca o en el mar y nos transmitían una seguridad o inseguridad, que sólo era atenuada por una llanta salvavidas o unos flotadores en los brazos.
Dominar el agua es uno de los retos más difíciles y complejos a los que se ha enfrentado el ser humano, un reto similar al de la torre de Babel, cuyos constructores pensaban que podían alcanzar el cielo. Los barcos son el símbolo perfecto de la sobrevivencia del hombre en medio del agua, espíritus aventureros se protegían en sus paredes para evitar ser devorados por la inmensidad del mar.
Por eso resulta heroico dominarla sin desafiarla, convivir con su transparencia, enseñar a dominar los efectos físicos del agua sobre el cuerpo. Una vida puede tomar sentido cuando alguien te agradece la paciencia de haberle enseñado a “dominar” el agua.
Por eso creo que en medio de una situación de crisis de liderazgo es necesario recuperar y enaltecer algunas figuras nobles, como la del “académico del agua”, un ser paciente que espera a que su alumno deje de llorar una vez que pasa el pánico y después de lágrimas, algunos tragos y sustos le ayuda a que cambie su percepción del agua, a descubrir que puede flotar y dominar ese efecto físico denominado flotación, que consiste en llenar nuestro estómago de aire para hacer una pequeña bolsa y después sacarlo para salir por más a la superficie.
La natación es eso, una ciencia derivada de la física que nos ayuda a dominar no sólo la presión del agua sobre el cuerpo, proceso similar al de un pistón que controla el aire en un motor, también nos enseña a dominar la percepción de temperatura cuando hacemos contacto con ella.
Por ejemplo, Jaques Cousteau nos enseñó cómo el agua puede inspirar respeto y admiración, uno de los científicos marítimos que inventó las más diversas herramientas (incluyendo el mítico Calypso) para ver el agua, fotografiarla, navegarla, sumergirse en ella para admirarla y mostrarla al mundo en imágenes de estética única.
Todas lo que guarda el mar y que sólo vemos en la televisión incluso ha detonado un mercado de cámaras subacuáticas cada vez más sofisticadas, ¿quién resiste entretenerse con un documental de vida marina de National Geographic?
Y por qué no hablar de los pescadores, marineros, guardacostas, lancheros y otros seres que conocen el mar como a la palma de su mano, que conocen el efecto del aire sobre el agua para prever catástrofes.
Cuánta tranquilidad puede dar el agua, espero de todo corazón que Nelson Vargas la encuentre muy pronto.
Les deseamos un Feliz 2009.


