La sensación de calor y frío en nuestros cuerpos determina algunos de nuestros hábitos más importantes.
La temperatura ambiente es el elemento natural que influye en el calor o frío que sentimos, pero también determina la calidad y cantidad de productos que consumimos: el agua, el endulzante de las bebidas, la sal en los alimentos, el tipo de pan, etc.
Pero los alimentos nos son lo único determinado por la temperatura ambiente, también las enfermedades que padecemos, la flora y fauna de nuestras regiones, nuestro horario de trabajo, el tipo de ropa que usamos, las temporadas de siembra en el campo o los energéticos que se consumen en las ciudades para que funcione la calefacción.
El elemento de nuestro cuerpo que determina cómo “percibimos el clima” o cómo regulamos la temperatura corporal, se encuentra en el hipotálamo del cerebro y cumple la función de un “termostato”; quienes conocen de autos dicen que el termostato permite que los componentes del motor trabajen a una temperatura determinada.
Nuestro cuerpo se encuentra a 36 ó 37 grados centígrados en condiciones normales y puede alcanzar su máxima temperatura a las 8 de la noche y su mínimo a las 3 de la mañana, dependiendo de la región en que nos encontremos.
La temperatura corporal es un arma que nos permite defendernos de infecciones y enfermedades, un golpe puede ocasionar una variación de temperatura en una pierna, por eso se pone roja y caliente ya que puede haber vasos dilatados. Cuando el cuerpo sufre una infección generalizada la temperatura varía como una defensa, también esto explica los escalofríos que sentimos al estar agripados.
Las metodologías que utilizan la industria y la academia para segmentar o clasificar a las personas que podrían comprar un producto o servicio contienen variables demográficas y psicográficas, pero la aplicación de una variable como la temperatura ambiente puede ser “relativa” en ciertos contextos culturales, nacionales o regionales.
Por ejemplo, en el centro de México generalmente el clima es templado y el consumo de agua potable o de refrescos es muy distinto al de la costa, sucede lo mismo con el consumo de café o con algunos tipos de vinos. Resalta el caso de Noruega, donde la población consumía demasiados licores para aminorar los efectos anímicos y físicos del frío excesivo. Así que el gobierno restringió la venta y distribución de licores y algunos pobladores comenzaron a beber alcohol del 96.
Imaginemos algo que podría enriquecer el debate, si resulta “relativa” la aplicación de una variable como la temperatura ambiente, medir cómo influye psicológicamente en las personas es todavía más complejo. En épocas de cambio climático, los estados de ánimo de la gente y su relación con el medio ambiente y el consumo pueden arrojar nuevos datos sobre este fenómeno global mediático que ha llamado la atención de gobiernos y ciudadanos.
Los más de 6 mil millones de habitantes en el mundo tenemos hábitos relacionados con la temperatura, de manera que podemos tener percepciones acerca de cómo nos afecta el cambio de la temperatura climática y del tipo de días que nos gustan más, hay días en que yo siento que no aguanto la nata de humo que hay allá arriba, por eso creo que hay muchas pequeñas cosas qué podemos hacer para regular nuestra temperatura. VER
