Percepción de servicio

Una fila larga debe estar entre los tópicos más odiados por un consumidor. Una combinación de fila larga con mal producto o servicio, debería ser una combinación letal para una marca. Si a lo anterior le sumáramos un error humano o una promesa no cumplida, la marca podría encender un foco amarillo.

En las empresas de telecomunicaciones, en el sector financiero y en muchas de servicios, se ha transformado la percepción de la relación entre consumidores y clientes. Uno de los parámetros más importantes, respecto a la atención que reciben las personas de parte de las corporaciones, es el de servicio a clientes.

Y ahora los consumidores no sólo acuden presencialmente a sucursales, también van a internet o al teléfono a hacer consultas, a programar pagos. El siglo XXI promete “avances tecnológicos rápidos”, pero la fila sigue existiendo (aunque sea virtualmente) y hay unas filas que entre más virtuales, también se vuelven cada vez más largas.

Centros de contacto y empresas que comercializan toda o parte de sus ventas por internet, no sólo están buscando fórmulas para mostrar los productos de manera cada vez más literal, de facturar correctamente y de entregar a tiempo.

Este “cliente virtual”, es cada vez más exigente, intolerante a los “errores” y a las filas de la vida real y de la vida virtual. La relación entre cantidad de personas atendidas y cantidad de personas involucradas en el proceso son medidas de productividad.

Los clientes no son sólo una masa amorfa y desorganizada, incapaz de cuestionar las prácticas de las empresas, también son personas que valoran su propio tiempo, tanto como las grandes corporaciones aprecian su propio tiempo.

 Es cierto, cada vez se invierte una mayor proporción del presupuesto de marketing para conocer la opinión de los clientes, también se han establecido métricas para mejorar algunos procesos en los que la organización interactúa con el cliente.  Pero ante un panorama en que el cliente exige más por menos, las organizaciones necesitan aprovechar mejor su tiempo y están luchando por organizarse mejor, ya sea en la fila o fuera de ella.

 Disney, uno de los íconos de la cultura pop norteamericana, es uno de los emporios de marcas más grandes del mundo. Es una “fábrica” que combina entretenimiento, globalidad, fenómeno comercial, vehículo ideológico y contenido con realidad y ficción determinada.

Sus parques de entretenimiento son paradigma de servicio, por que la visión pura del capitalismo dice que se deben exceder las expectativas del cliente con una fórmula de negocio en las que se tome en cuenta el tiempo de la gente. Anuncias el doble de tiempo real y entregas antes.

El tiempo de las personas es muy importante y Disney parece buscar exprimir al máximo el tiempo de sus turistas, parece imperativo que mientras se permanezcan en el interior del parque, el cliente consuma mensajes y mercancías durante muchas horas.

Para esta fórmula comercial es preciso construir pequeñas ciudades, que alteran la percepción de espacio y tiempo del cliente. Éste no deberá preocuparse por problemas de estacionamiento, inseguridad o largas filas que no prometen con el tiempo que anuncian.  Se busca divertir, propiciar el consumo y disfrutar de escenarios artificiales de colores. VER

Percepción de México

MX

Cuando se observan las banderas afuera de los hoteles de lujo, siempre destacan las de países como Japón, Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y tal vez Francia o España.

Las banderas simbolizan mucho de la belleza y la estética de un país. Al ser exhibidas en el extranjero reflejan su poder y tal vez su popularidad.  En el caso del turismo, representan un segmento de mercado al que se puede atender, e indirectamente representan el poder adquisitivo y la vocación viajera de su población.

Un buen indicador de la percepción de un país, en la mayor parte de población (“ciudadanos peatones”) son las noticias que trascienden de él en los medios, sobre todo los internacionales o globales. Fotos, declaraciones o escándalos de sus jefes de estado, posturas políticas y económicas en cumbres internacionales o cualquier tipo de noticia cotidiana, más si se trata de algo polémico.

Los países también se conocen por conceptos relevantes o mensajes clave. Es un lugar común decir que México se reconocía en el extranjero por el charro, el mariachi o el Tequila (nuestra “bebida global”).

La mayor parte de estos conceptos popularizados por la industria cinematográfica en los 1940 han visto cómo se suman las playas, la gente amable o el fútbol. En la década que termina sin duda hay factores que se han agregado y que resulta imposible ignorar: el H1N1 y la espiral de violencia.

México es un país relativamente aislado de lo que se llama el “concierto internacional”, es cierto que nuestros paraísos naturales son visitados por millones de turistas internacionales. Algunos de ellos, por ejemplo, llegan a Quintana Roo en gigantes yates, se quedan a turistear unas horas, gastan unos dólares en artesanías y cerveza. Y se van.

Nuestras fronteras son: el Oceano Pacífico, el Golfo de México, Guatemala y el país más poderoso del mundo. La interacción humana, el idioma y el comercio no suceden igual que en países con cinco o seis fronteras, o sin mar. Además tenemos un territorio muy accidentado, poco poblado, sobre todo en el norte y existe poca comunicación carretera entre oriente y occidente.

El economista chileno David Konzevik (negado siempre a las cámaras de los medios masivos de comunicación) planteaba alguna vez la necesidad de medir la felicidad de los países, en función de la cantidad de inmigrantes que regresaban a invertir y emprender en su tierra de origen.

Pocos países, y tal vez no existen, que puedan presumir que después de expulsar cientos de miles de personas o millones, éstas regresen a emprender, confiando nuevamente en un sistema que, indirectamente, los ha expulsado. Paradojicamente, las tendencias del empleo global, dicen que, las fronteras cada vez se “borrarán” y seguirá el traslado masivo de personas, sobre todo hacia el norte del globo.

Regresando a las banderas. He sabido que a veces ondea la bandera mexicana en el extranjero, incluso hemos ganado premios a la bandera más bonita del mundo, como símbolo de diseño está plagada de símbolos, colores y texturas. En ocasiones la colocan al revés por error y muy frecuentemente al fabricarla aplican mal el escudo del centro en la tela o el papel. Sería interesante ver un esfuerzo que lograra aplicar muchas banderas mexicanas en el mundo, no sólo en los estadios. VER